1 de marzo de 2014

La Última Despedida (.......)

Te escribo aquí porque jamás podré decírtelo. Ya no hay manera. Y lo lamento mucho y profundamente. Una última palabra, una última sonrisa. El mundo entero por obtener alguna a cambio. Resulta indescriptible lo bien que se sentiría estar contigo de nuevo, pues tu sola presencia tranquilizaba. Nunca te sentí con prisa, jamás te vi correr; creo que eso quedó mucho antes de siquiera conocerte. A pasos lentos andabas por la vida, siempre buscando que nada te detuviera. Ni los días, ni las calles, ni la vida. Me temo que esa última te falló, al final. Inevitable.

Te escribo por cobarde, porque no tuve el valor siquiera de ir aquel día. No te imaginas lo mucho que dolía. Y lo mucho que duele aún. Busqué por todo medio posible no externarlo, que la tristeza quedara guardada hasta que fuera seguro, hasta que la inmensa soledad embargara el sentimiento y se lo llevara lejos. Y la soledad llegó, pero sólo a acompañarme, porque no se llevó nada. Tu ausencia aún me duele, y tu presencia siempre me hará falta.

No sé si estabas consciente de todo, de lo importante que eras. Tomaste el lugar del que se fue antes de tiempo, y tomaste el lugar del que jamás estuvo presente. Significabas más de lo que podría haberte dicho, más de lo que yo mismo sabía. Te conocí antes de saber quién eras, y sé que te recordaré hasta que lo vuelva a ignorar.

No sé dónde estés ahora. Y sé que escribirte es inútil, porque jamás lo podrás leer. Pero es la única manera en que puedo hacer que en verdad el sentimiento se vaya, porque aún ahora, muchos días después, las lágrimas siguen surgiendo cada vez que me acuerdo de ti. Hacerlo público es lo mismo, porque en persona jamás dejaría que me viesen como estoy ahora, destrozado y temblando.

Te fuiste, y sé que no volverás. Mi único deseo contigo es que, donde sea, te encuentres bien. Me dueles muchísimo. Y con todo y ello, espero que sea la última vez que hablemos.


Gracias infinito.

15 de diciembre de 2013

Epifanías en Movimiento: La Vida a Través de Una Ventana Empañada

“Walked into our world and made horrible sounds…”

Levantarse temprano. Frío. Tiempo libre. Azúcar. Reencuentros. Recuerdos. Ex- amigos. Conceptos olvidados. Libros nuevos.

Fácil. No fue precisamente ocupado, pero resultó bastante productivo. Curioso es ver cómo evolucionan los asuntos, como los meses cambian a la gente, cómo la tranquilidad te invade cuando retomas una conversación. La emoción fluye hacia abajo, derramándose por el patio, mientras miras a la gente ir y venir, ver y tocar, comprar y preguntar, andar por ahí con sus preocupaciones, enteramente ajenos. Y aún así, no puedo evitar que mi curiosidad crezca, que aquel deseo de saber qué ocurre me invada y yo comience a divagar.

““I will wait for you”, she said, endlessly…”

Un viaje. Caminata. Oportunidad. Una puerta. Un paso, para dentro o para fuera. La hora de la comida. Eventual llegada inesperada. Gritos. Disculpas. Equivocación. Más disculpas. Extraña calma.

Me siento atrapado. Esa sombra persiste, me sigue, me atormenta. Esa sombra que me encuentro en todos lados, sin fallo, sin descanso, sin dejar de sangrar. En los salones. En las fotos. En sus letras. En las voces de los demás. En aquel pasado que se aferra al hoy con sus frías manos, que me asfixia  y no me deja ir. Esa sombra perdida y lejana, pero siempre presente. Siempre frente de mí. Y aquella desesperación porque no puedo hacer nada al respecto, porque no es mi sombra. No es mía, mas es a mí a quien ataca. Su filo me descose, me tira, me deja maniatado a su merced… parece que gusta de burlarse de mí, sin saberlo, sin intención. Me desvanezco, no puedo más…

“Still each time I always meant every word, every one. Though in time they finally bent…”

Meses. Olvido. Búsqueda. Fracaso. Intentos. Más recuerdos. Cartas perdidas. Pedazos. Bordes. Ojos oscuros. Preguntas. Confusión.

El tiempo pasa y jamás permite descanso. Aún cuando uno se cree seguro, muy en el fondo, aquella pequeña parte continúa creciendo, inundando al ser de dudas. ¿Será acaso que no hay remedio? Los pensamientos chocan entre sí, estallando y creando universos nuevos, cada uno tan igual al anterior, pero su frescura extiende la sensación que se está viviendo de nuevo, desde el comienzo. No importa cuánto tiempo pase, a final de cuentas el callejón siempre está a unos pocos pasos. Me pregunto si debería seguir caminando. ¡Qué importa! El camino me lo sé de memoria, y aunque esté oscuro, el precipicio siempre está ansioso de recibirme de nuevo.

“I will bite straight through as I wait for you, dear. Endlessly…”

Permanencia. Fuga. Frustración. Ira. Contemplación. Sin lugar para el arrepentimiento. Lluvia. Piano. Silencio. Oscuridad… nada más.


Esa ingenuidad que jamás abandona. La esperanza muere al último, dejando frío y seco a quien le dio cobijo, sin siquiera pagar el hospedaje. No hay más camino, no hay vuelta atrás. Sólo arriba y abajo. No hay luz. Todo se ha ido. Murió al último, pero se llevó todo. Bajar la cabeza no sirve de nada, aquí no funciona pensar que si no se ve, no existe. Por supuesto que existe. El fútil intento por negar su existencia sólo hace que permanezca más, y marque más profundo. El dolor se va, pero la cicatriz siempre se queda. Y se burla. Sabes bien que no te esperará más. Se ha ido, no volverá. Rompe todo, enójate, recuerda, maldice, perdona… En algún momento todo volverá a empezar.