19 de enero de 2015

Ascendente/Descendente

Un parpadeo incesante. Una luz que se apaga cada vez que se sabe existente. El abrazo de un calor incapaz de sobreponerse, que tiembla ante la altura, ante la probable imposibilidad de librarse del aturdimiento al que está sujeto desde hace tanto tiempo. Se derrumba. Se deshace. Se abandona.

Aún está presente el mismo deseo. ¿Por qué aún no has narrado aquella historia? Tanto que te lo han pedido. El aire entra y sale sin permiso, siempre esperando, al mismo ritmo que se exhuman las probabilidades cada vez que se da un paso. Que el corazón aguante tanto como pueda, tanto como se lo permitas. Que brinque y explote cada vez que te ve, que muera cada vez que te vas, que renazca siempre que te sueñe. Y pregunta cómo lo hace, cómo después de tantas vidas sigue alerta, podando el verde, viviendo en un rojo eterno.

Más allá de las estaciones, del frío sol y refrescante lluvia, no hay nadie que espere a que el siguiente tren llegue. Jamás se olvida el horario, pero nunca se llega a tiempo. Sólo se alcanza a ver el humo, lejano y frío, que a pesar de la partida siga confiando en que la siguiente ocasión será suficiente la premura, el caminar rápido y el cansancio nulo. ¡Ingenuo! Ingenuo, sin duda. ¿A qué juegas, dime? Cuéntame, que no te entiendo. ¿Me dirás? ¿A qué juegas? A saltar bajo esa lluvia. A mojarme, claro está. ¿Qué no lo ves? ¡Mírame, vaya! ¡Mírame, te digo! Mírame, que si salto es para que me veas, porque hice llover para ti, para que te mojes también, para que saltes conmigo.

Y es que parece que el tiempo no alcanza, pues el horizonte se ve cada vez más cercano. Y eso no está bien, no se siente igual. Esa línea que divide se ve tan delgada, tan frágil, que me pregunto si será más sencillo romperla yo, tomarla en mis manos y juntarla toda, como una sola, como jamás ha sido. Tenerla en mis manos, observarla y dejarla caer. Porque a quien engaño, jamás se romperá, aunque se caiga, aunque lo suelte. ¿De qué sirve suspirar si el aire no regresa? El planeta ya no se mueve, las nubes ya no llegan, y nunca volverá a llover. 

¿Podría pedírtelo? Ya no sé. Te ofrezco más que mis manos. Un día en que no salga el sol, que permita dormir más de lo debido, que haga que el cielo se mantenga siempre del mismo tono. Pero que llueva. Que siempre llueva. Que llueva hoy y mañana y siempre. Prometo mojarme. Prometo saltar. Prometo tener las manos libres y extenderlas hacia arriba, siempre pidiendo más lluvia. que se ahoguen las ganas y que no surjan de nuevo jamás, no por muertas, sino por satisfechas. De arriba a abajo, hasta la última de las palabras, de los puntos y las preguntas.

7 de diciembre de 2014

Carta 3ª: Inicios y Finales

"¿Qué tan bueno podría ser que empiece esta carta amenazando con que será la última? ¿Cambiará acaso lo que pienses de ella cuando la leas? ¡Qué importa! ¡Pero claro que importa! Tantas letras, tanto tiempo, tantas madrugadas en que estuve esperando despierto a que llegara tu respuesta. Y eventualmente llegó, sí, y en más de una ocasión, pero jamás como lo esperaba. Siempre te mantuviste tan distante, tan extraña, tan tú. Y es que las respuestas no generaban más que mayor expectativa. Y expectante me mantuve, siempre alerta, dispuesto a continuar un intercambio tan injusto que podía derramarse en cualquier momento. Y así fue.

"Me he dado cuenta, estos últimos días, que tu imagen se ha difuminado tanto que ya no sé dónde están tus manos o tus pies, que me parece que tu cabeza está en el costado y tus ojos en algún lugar entre las rodillas y los muslos. Perdí tu sonrisa entre tu abdomen y tus miradas en un infinito espacio en blanco en el pecho. Del corazón, ni hablar. Ese se esfumó hace mucho, antes que todo, sin dejar rastro ni seña ni nota ni adiós. Con un inicio tan confuso que no sabía por dónde empezar a buscar, la capitulación fue inminente. 

"Dos anteriores noticias iniciaron el largo andar. No recuerdo cuántos pasos han sido, pero sé que ahora ya no hay más camino. Quién partió no fuiste tú. Y no lo hice por iniciativa propia, te lo aseguro. La última llamada que te hice, la primera vez que los costos y el tiempo dejaron de importar. Me sigo preguntando si aquel cambio en tu voz fue sincero, si las lágrimas seguirán ahí esperando a que las recojas y las guardes, como un último recuerdo de lo que nunca llegó a completarse.

"Voltear atrás. Pensar que el tiempo no perdona, la distancia mucho menos, y el olvido, jamás. Atado a una consternada tinta, el papel parece que se quiere romper a sí mismo. La pluma rasga la superficie, como buscando un motivo para quedarse, para volver a escribir, para que no sea guardada con el resto de las cartas. Si acaso....

"Me despido de esta manera, con un final poco convincente, pero sin duda necesario. No sé que podría hacer para mejorarlo. No sé si el esfuerzo valdría la pena, todavía. No sé, no sé, no sé. No sé mucho, no sé nada. No sé qué pasará en el momento en que doble la hoja, la meta en el sobre y la ponga en mi ventana, esperando a que el viento la levante y te la lleve a ti. 

"Disculpa la humedad. Te juro que no fue intencional. Y te juro que no volverá a pasar.

"Por favor, ya no respondas. No lo soportaría más."