18 de junio de 2013

Carta 1ª: Luz y Sombras |

"Se me olvidó apagar la luz. Con razón tú no te has ido. Te mantienes aquí presente, esperando a que pregunte el porqué de tu exagerada estadía. Y yo que no pregunto por demostrar interés, aunque sepa que por dentro estoy muriendo por saber. Lo único que sé, es que jamás me dirás nada.

"Siento tu mirada sobre mí, vigilándome, siempre pendiente. Tienes mis nervios al borde de un estallido, pues no me creo lo suficientemente preparado para darme la vuelta e ignorar tu presencia. ¿Será que algún día podré dormir tranquilo?

"Las letras tiemblan si escuchan tu nombre, la voz se desvanece si te pide tu partida. No encuentro manera para hacerte desaparecer. Ni siquiera tengo el valor para voltear y darme cuenta de que realmente no estás aquí, que hace mucho tiempo que te fuiste y me dejaste solo, consolándome en recuerdos que a nadie más le importan, en cartas cuyo remitente ya no reconoce como suyas.

"He evocado tantas veces tu rostro a mi mente que ya no sé si aún es el tuyo, o es lo que quiero que sea. Es esta desesperación que no me deja pensar claro, tu imagen que se niega a permitirme un segundo de paz. Y lo increíble, es que todo lo dejaste atrás, sin preocuparte cuánto era ni lo que importaba, lo mucho que significaba para mí.

"Eres la última sombra de mi cuarto, la que absorbió la luz y todo lo demás. La sombra que crece y se burla y se niega a desaparecer.

"Ven, te lo pido. Es lo único que te pido. Ven, recoge los pedazos, quédate un rato y apaga la luz, porque a mí se me fueron las fuerzas en tanto recordarte."

7 de mayo de 2013

Desnudando a Thanatos | Sobre las perspectivas, sus cambios y sus retornos


Verla de una manera que hasta ese justo momento, jamás habrías pensado. Darte cuenta de que, a final de cuentas, no eres más que… cualquier cosa. Desechable, pero jamás reutilizable. Ese preciso instante en que el escalpelo corta, ese instante en el que la fragilidad es puesta al descubierto, en que todo sale y escurre, de la mesa hasta una pequeña alcantarilla en el piso.

¿Cuándo es que dejamos de ser nosotros? ¿Cuándo es que nuestra esencia parte a un lugar mejor, o peor, a cualquier otro lugar? ¿A dónde va? ¿Acaso se queda lo suficiente para saber qué pasó?

Tal vez… tal vez sea cuando los ojos se cierran y las luces se encienden. Curiosa e irónica metáfora. Casi se siente como el único refugio que podremos encontrar si en algún momento nos hallamos a nosotros mismos en esa situación.

También, tal vez por eso nos burlamos tanto. Tal vez esperamos que el trago no sea tan amargo. Por eso las fiestas y tradiciones, para intentar hacer las paces y nos perdone y no corte nuestro hilo, o por lo menos lo haga mucho, mucho después. Pero que mejor no lo haga nunca. Hay mucho por hacer en éste mundo. Y no es hasta cuando nos sabemos tan próximos, que comenzamos a preocuparnos por ella, y por lo que no nos dejará hacer.

La impresión. El miedo. El asco. La fascinación. La curiosidad. La preocupación. Las inminentes preguntas que surgen en la mente. Y la epifanía filosófica que eventualmente llegará. ¿Cuál es el objetivo de seguir vivos?

Sea la razón, deidad o fuerza que sea… debe estar inmensamente aburrida. Crear y destruir. Una y otra vez. Sin más. Sin cansancio.