8 de junio de 2015

"Lítost"

¿Qué es entonces la lítost?
La lítost es un estado de padecimiento producido 
por la visión de la propia miseria puesta 
repentinamente en evidencia."
M. K.

Más allá de una respuesta no esperada. Más allá de una reacción comprensible aunque injustificable. Una desesperación por encontrar una salida, un escape a la situación, un salto hacia el vacío, hacia un espasmódico y agónico equilibrio. ¿Será que entre aquella vergüenza, se pueda hallar algo que nos libere?

Comienza un ardor en la frente, un dolor color común con ligeros toques de recurrente. Recorre el cuerpo hasta la punta de los pies. Y de regreso. Abarca. Consume. No hay inhalación, sólo se exhala. Una mezcla de agua con sal, y mucha, mucha sed. Se apaga la luz. Un sonido extraño, un punzar familiar, una sensación conocida.                                            Sublime.

Y de repente, todo el mundo está en contra. Se burla. Se ríe.

No hay nadie.

No hay nada.

Esa nada que voltea, señala y golpea. Sin pausa. Sin goce. Sólo golpea y te deja inerte, con la cara llena de cortadas rojos y azules. Esa sensación de hundimiento, de que todo se hace grande, en que no se alcanza ni la propia mano, en que la caída al suelo es tan larga que dura un sólo instante y mueres antes de llegar. Un cadáver sin pena ni gloria, completamente decepcionante. Porque sigues vivo, claro está. Dentro de lo que cabe. Y no cabe en ningún lado.

"¡Culpable!", gritan. "¡Culpable!", repiten. "¡Culpable!", resuena en los adentros de aquella pequeña cabeza, resuena en el pecho, resuena en las piernas, en los brazos, en los dedos, en los ojos...

¡Corre! ¡Corre! ¡Escapa, que vienen, que llegan! ¡Corre, y no vuelvas! Hay fuego detrás tuyo, y un mar por delante. Enfréntate a tus miedos, o vendrán para comerte. Y ten por seguro que vendrán, pues te conocen. Y por cierto, les gusta tu sabor.

Cierra los ojos. El silencio es insoportable. Sólo espera a que esa luz blanca comience a parpadear, y todo será como antes. O como nunca. O como siempre. Qué más da. Simplemente... será. Sin más.

Deja de correr.

..voltea..

1 de marzo de 2015

diez&ocho

"Cuente siete estrellas y soñará conmigo. (...)
Recuérdelo bien. No más de siete estrellas."
G.G.M.

La cuestión no era contarlas. Simplemente observarlas. Mirarlas en el espejo, e imaginar tu abrazo, desde atrás, cerrar los ojos y pensar que estás ahí, cerrarlos más y comenzar a sentirte, cada vez más cerca, cada vez más fuerte. Y a medida que desaparecían, saber que el recuerdo estaría más presente, porque momentos así no se olvidan. Porque la última sigue ahí, resistiéndose a irse, pequeña, pero insistente, casi sabiéndose única. 

Cierra tus ojos por un momento. Ciérralos y moja y muerde tus labios un poco, permite que éste beso dure para siempre, hasta que te vuelva a ver, porque nuestro baile todavía no acaba y nuestra ropa sigue en su lugar. Acércate y dime que aún me sientes. Respírame. Dime que tus manos siguen en las mías y que no las soltarás jamás. Acércate y pregúntame qué significa, porque ahora lo sé, parce qu'il signifie que j'aussi. Beaucoup.

Mirar al cielo, pisar el suelo. Ninguno de los dos volverá a ser lo mismo. Mi color favorito se convirtió en ti, y al otoño le tomé cariño. Te diré que tu nombre me sabe a estrellas, que tu boca es la luna y tus brazos me suben hasta allí, hasta un lugar del que no quisiera nunca bajar. Desde aquel primer momento, aquella mirada unidireccional, aquel suspiro y aquella muda exclamación de sorpresa, aquel encuentro destinado a ser quién sabe qué, pero destinado a algo a fin de cuentas. Te diré, sin más, que tu nombre es magia.

Te hablaré para mis adentros, te recordaré lo mucho que te echo de menos, lo grandioso que sería verte sonreír, porque sabes que me encanta. Dulcifica la voz y respóndeme y te juro que te escucharé hasta que te quedes dormida y que aunque amanezca dejaré la luz encendida y los brazos abiertos, pues si en algún momento te cansas de pelear con las cobijas, con gusto te envolveré yo. 

Contaré de tres en tres para recordarte. De las nocturnas dieciocho al veintiuno que te debo, al helado veinticuatro en que todo empezó. Números con más contenido que su mismo trazo, que cuentan más historia que cantidad, que convierten la casualidad en un deleite. No hay mejor sueño recurrente que aquel que conviertes en realidad. Y has de saber, mon coeur, que te he soñado. Que tu est mon rêve. Mon seul souhait.