¿Qué es entonces la lítost?
La lítost es un estado de padecimiento producido
por la visión de la propia miseria puesta
repentinamente en evidencia."
M. K.
Más allá de una respuesta no esperada. Más allá de una reacción comprensible aunque injustificable. Una desesperación por encontrar una salida, un escape a la situación, un salto hacia el vacío, hacia un espasmódico y agónico equilibrio. ¿Será que entre aquella vergüenza, se pueda hallar algo que nos libere?
Comienza un ardor en la frente, un dolor color común con ligeros toques de recurrente. Recorre el cuerpo hasta la punta de los pies. Y de regreso. Abarca. Consume. No hay inhalación, sólo se exhala. Una mezcla de agua con sal, y mucha, mucha sed. Se apaga la luz. Un sonido extraño, un punzar familiar, una sensación conocida. Sublime.
Y de repente, todo el mundo está en contra. Se burla. Se ríe.
No hay nadie.
No hay nada.
Esa nada que voltea, señala y golpea. Sin pausa. Sin goce. Sólo golpea y te deja inerte, con la cara llena de cortadas rojos y azules. Esa sensación de hundimiento, de que todo se hace grande, en que no se alcanza ni la propia mano, en que la caída al suelo es tan larga que dura un sólo instante y mueres antes de llegar. Un cadáver sin pena ni gloria, completamente decepcionante. Porque sigues vivo, claro está. Dentro de lo que cabe. Y no cabe en ningún lado.
"¡Culpable!", gritan. "¡Culpable!", repiten. "¡Culpable!", resuena en los adentros de aquella pequeña cabeza, resuena en el pecho, resuena en las piernas, en los brazos, en los dedos, en los ojos...
¡Corre! ¡Corre! ¡Escapa, que vienen, que llegan! ¡Corre, y no vuelvas! Hay fuego detrás tuyo, y un mar por delante. Enfréntate a tus miedos, o vendrán para comerte. Y ten por seguro que vendrán, pues te conocen. Y por cierto, les gusta tu sabor.
Cierra los ojos. El silencio es insoportable. Sólo espera a que esa luz blanca comience a parpadear, y todo será como antes. O como nunca. O como siempre. Qué más da. Simplemente... será. Sin más.
Deja de correr.
..voltea..
Y de repente, todo el mundo está en contra. Se burla. Se ríe.
No hay nadie.
No hay nada.
Esa nada que voltea, señala y golpea. Sin pausa. Sin goce. Sólo golpea y te deja inerte, con la cara llena de cortadas rojos y azules. Esa sensación de hundimiento, de que todo se hace grande, en que no se alcanza ni la propia mano, en que la caída al suelo es tan larga que dura un sólo instante y mueres antes de llegar. Un cadáver sin pena ni gloria, completamente decepcionante. Porque sigues vivo, claro está. Dentro de lo que cabe. Y no cabe en ningún lado.
"¡Culpable!", gritan. "¡Culpable!", repiten. "¡Culpable!", resuena en los adentros de aquella pequeña cabeza, resuena en el pecho, resuena en las piernas, en los brazos, en los dedos, en los ojos...
¡Corre! ¡Corre! ¡Escapa, que vienen, que llegan! ¡Corre, y no vuelvas! Hay fuego detrás tuyo, y un mar por delante. Enfréntate a tus miedos, o vendrán para comerte. Y ten por seguro que vendrán, pues te conocen. Y por cierto, les gusta tu sabor.
Cierra los ojos. El silencio es insoportable. Sólo espera a que esa luz blanca comience a parpadear, y todo será como antes. O como nunca. O como siempre. Qué más da. Simplemente... será. Sin más.
Deja de correr.
..voltea..