7 de diciembre de 2014

Carta 3ª: Inicios y Finales

"¿Qué tan bueno podría ser que empiece esta carta amenazando con que será la última? ¿Cambiará acaso lo que pienses de ella cuando la leas? ¡Qué importa! ¡Pero claro que importa! Tantas letras, tanto tiempo, tantas madrugadas en que estuve esperando despierto a que llegara tu respuesta. Y eventualmente llegó, sí, y en más de una ocasión, pero jamás como lo esperaba. Siempre te mantuviste tan distante, tan extraña, tan tú. Y es que las respuestas no generaban más que mayor expectativa. Y expectante me mantuve, siempre alerta, dispuesto a continuar un intercambio tan injusto que podía derramarse en cualquier momento. Y así fue.

"Me he dado cuenta, estos últimos días, que tu imagen se ha difuminado tanto que ya no sé dónde están tus manos o tus pies, que me parece que tu cabeza está en el costado y tus ojos en algún lugar entre las rodillas y los muslos. Perdí tu sonrisa entre tu abdomen y tus miradas en un infinito espacio en blanco en el pecho. Del corazón, ni hablar. Ese se esfumó hace mucho, antes que todo, sin dejar rastro ni seña ni nota ni adiós. Con un inicio tan confuso que no sabía por dónde empezar a buscar, la capitulación fue inminente. 

"Dos anteriores noticias iniciaron el largo andar. No recuerdo cuántos pasos han sido, pero sé que ahora ya no hay más camino. Quién partió no fuiste tú. Y no lo hice por iniciativa propia, te lo aseguro. La última llamada que te hice, la primera vez que los costos y el tiempo dejaron de importar. Me sigo preguntando si aquel cambio en tu voz fue sincero, si las lágrimas seguirán ahí esperando a que las recojas y las guardes, como un último recuerdo de lo que nunca llegó a completarse.

"Voltear atrás. Pensar que el tiempo no perdona, la distancia mucho menos, y el olvido, jamás. Atado a una consternada tinta, el papel parece que se quiere romper a sí mismo. La pluma rasga la superficie, como buscando un motivo para quedarse, para volver a escribir, para que no sea guardada con el resto de las cartas. Si acaso....

"Me despido de esta manera, con un final poco convincente, pero sin duda necesario. No sé que podría hacer para mejorarlo. No sé si el esfuerzo valdría la pena, todavía. No sé, no sé, no sé. No sé mucho, no sé nada. No sé qué pasará en el momento en que doble la hoja, la meta en el sobre y la ponga en mi ventana, esperando a que el viento la levante y te la lleve a ti. 

"Disculpa la humedad. Te juro que no fue intencional. Y te juro que no volverá a pasar.

"Por favor, ya no respondas. No lo soportaría más."

4 de noviembre de 2014

Resúmenes en Calidad de Urgentes

¿Cambiar de parecer? ¿De verdad? ¡De verdad!

Decisiones, eventos, confesiones, historias, consecuencias, sorpresas. Todo junto, revuelto y combinado en un tazón, calentado a punto de epifanía, dejado reposar por un par de meses y servido frío para el mejor disfrute del comensal. Se agradece la compañía, se paga la cuenta con intereses y se deja propina proporcional a lo aprendido. Se retiran, y se cierra el local.

Conviérteme en aquello que rechacé, en aquello que jamás pensé posible, en aquello que sólo imaginé. Viéndolo desde ésta nueva perspectiva... no es tan malo. Tantos cambios, tantos inicios nuevos, seguro que dejan un sabor de boca extraño. Pero no desagradable. De los fantasmas a los vivos, de lo creíble a lo imposible, de lo incómodo a lo formal. Límites y fondos que no son más que extensiones de uno mismo, que van más allá de la desesperanza y el displacer, de la ilusión y la sorpresa.

Versos nuevos que se presentan, escritos con tinta invisible, sin métrica ni rima. Versos que sólo buscan existir un momento y expirar tan rápido como llegaron, como el cuento de aquel beso, ese beso furtivo, que sin quererlo cambió el color del cielo y provoca mirarlo más seguido que de costumbre, con una sonrisa en la boca y un sol en cada ojo. Un cuento inexistente pero que ya se echa de menos, pues está a punto de desaparecer, como el verso que lo forma, como el sueño que lo mantiene.

Ir a contrarreloj desgasta. Que uno llegue antes no hace que la función se adelante. ¿Y si llego un poco tarde? ¿Me aceptarías igual? No es necesario, es más algo curioso, más peculiar. Levantar la mirada y sentirse señalado y observado, darse cuenta de que ya se dieron cuenta, y aún así no ocultarse tras los pilares. Querer hablar, querer volar. No hay más alternativa que buscarlas. Y sobre todo, seguirlas y utilizarlas.

No quiero voltear atrás y darme cuenta del abismo. Andar por andar no funciona, se necesita un objetivo, un lugar a donde ir, pero jamás escapar. No tiene caso esconderse de la lluvia, esperando a que escampe, porque nunca se sabe cuando pasará. Mejor salir cuando se quiera, mojarse un poco y llegar a casa por un descanso y un café. Un bien merecido café, después de tanto esfuerzo, después de tanta lluvia.

28 de septiembre de 2014

Lecciones

No hay refugio seguro. Y eventualmente, se dio cuenta que no lo habrá. No tiene sentido seguir huyendo, seguir queriendo escapar de lo inevitable de los sucesos, de las consecuencias. Tantos días que vivió en las sombras, tantas noches con perturbador insomnio, le dejaron más heridas que cualquiera. El contrato que firmó lo tiene en la mesa, con sus notas a medio borrar y su nombre en tinta azul. 

Los nuevos deseos se hicieron más fuertes que la costumbre. Desistió de la inútil espera, de las falsas esperanzas y de su triste anochecer. Regresó del abandono, abrió las ventanas y dejó que el sol entrara a su cuarto de nuevo. De vez en cuando piensa, respira profundo, sin dejarse llevar por esa nostalgia ácida que tanto dolor causó. Perdió más que la presencia, perdió a pedazos su propia sanidad, se perdió a si mismo. Se despertó de un mal sueño, tirado en una desconocida nieve, fría como ninguna, llena de preguntas y súplicas vacías.

Sus monstruos siguieron siendo monstruos porque les dio la espalda. Les dio forma y fuerza, se dejó abatir por ellos hasta casi borrarlo por completo. A gritos y llanto les rogó que se marcharan, gritos y llanto tan sinceros como carentes de receptor. La noche cayó y le dejó solo, sin luz ni sentido, desorientado y con náuseas. "¡Abre los ojos!", se dijo. "¡Abre los ojos!", escuchó.

Se encontró con un brillo perdido. Un par de luces deslumbrantes, con un aura que le hizo suspirar. Un ritmo casi olvidado, retomado bajo la promesa de un futuro más cálido. Le devolvió el aire y su sangre logró despertar. No tiene cómo agradecerle, pues el brillo no imagina siquiera lo que causó, no lo sabe y probablemente no lo sabrá jamás. Pero lo recuerda y le sonríe, le dedica un pensamiento y le escribe un "tal vez" en una nube, que guardó en su bolsillo.

Ya no tiene miedo. Ya no lo ve, ya no lo siente. Al menos, ya no tanto. El tiempo no le sanó las heridas. Lo hizo él mismo.

7 de septiembre de 2014

Versión Acústica

Eventualmente, todo sobrepasa la necesidad aparente. Es mucho más que eso. Inexplicablemente, permitir que te respire me mata más que negármelo y asfixiarme en soledad. Todo avanza mientras suena una melodía de cuerdas en tono de suspenso, como en las películas, cuando sabes que una desgracia está por suceder. Una caída aún mayor, aún más rápida, aún más perversa que todas aquellas que haya visto o presenciado ya. El punto culminante, decisivo, el que dicte el paso adelante o atrás.

Aún así, prefiero respirarte. Medio segundo de calma alivia el dolor de cabeza, las náuseas y el filo de una hemorrágica posibilidad. Los monstruos son personales, y cada quien debe lidiar con los propios. Pero, ¿qué hacer cuando todos aprovechan el momento y se abalanzan sobre la única luz que queda encendida, parpadeante y agónica? La desesperación y frustración es enorme, las fuerzas se escurren, pero las ganas y la convicción no se esfuman. Permanecen, tan azules, tan brillantes, tan transparentes, tanto como el primer día, tanto como el segundo y el tercero y el último, y todos los que falten por llegar.

Me derrito entre palabras lejanas, miradas encontradas y ausencias frecuentes, todo mezclado con sal y pimienta y un toque agrio de limón. Tan pasional es la voz que la cara se desfigura por un ínfimo momento, los sentimientos no se atrasan y salen a pelear con lanzas y espadas defendiendo su lugar, limpiando cada lágrima que logre escapar. Con lanzas y espadas pero sin escudo, para que cada golpe recibido duela y sangre y haga recordar la causa, para que luego cicatrice, aunque nunca se olvide.

Son tus manos quienes me mantienen de pie. Mi gravedad eres tú, ahora, y de ti depende la caída. Porque dentro del cristal, de la frágil estabilidad entre lo cuerdo y lo insano, los temblores disminuyen cuando al frío haces desaparecer. Sólo tú puedes detener la música y alejar todo fantasma con un ligero soplido. Deja que te siga respirando. Es lo único que puede mantener a un aislado corazón con vida, cuando él mismo teme morir por latir tan rápido. 

24 de julio de 2014

Carta 2ª: Blanco y Negro

"Jamás recibí respuesta tuya. Lamentable, cierto. Y no entiendo porqué me empeño en escribirte cartas de nuevo, si sé que pasará lo mismo. Supongo que la esperanza muere al último. Pero, ¿qué morirá antes? ¿Cuándo podré saber que es lo último, o mejor dicho, lo primero? Muertes que seguramente abandonaran su metafórica existencia para lastimar en serio, para rasgar y morder cada centímetro que queda. 

"Ya no temo pedirte que te vayas. Ya no temo a tu ausencia. Ahora temo que te quedes, que me sigas, que claves tu recuerdo a un espacio en el librero. Ya tengo suficiente con recordar todo lo que ha ocurrido contigo, como para recordarte a ti. Prefiero tener memorias sin rostro, memorias a blanco y negro y música en vivo, que parezcan tan reales y tan antiguas, y que siempre me hagan estar consciente que eso son, memorias. Y nada más.

"A pesar de lo que puedo pedir y desear... sé que tu rostro jamás se irá. Podrán desaparecer todas las demás caras, los demás gestos y rasgos, pero los tuyos jamás. Y menos ahora que puedo evocarlo con tanta facilidad. Sí, regresó. Sin ti, sólo él. Lo demás sigue tan difuso como antes, casi metamórfico. 

"¡Dime qué buscas! ¿Qué es lo que intentas hacer conmigo? ¿Cómo es que sin intentar nada, sin siquiera esforzarte, entras y sales a tu antojo, con una llave falsa de aquella puerta inexistente que me aseguré de derrumbar? 

"La luz ya no me importa, me he acostumbrado a la oscuridad de mis ya no tan recientes días. Y los colores se han transformado, son diferentes, ya no les reconozco. Pronto todo será blanco. O negro. O ninguno. O ambos. O cualquiera de los dos. Da igual. Me quedaré aquí, esperando, de nuevo, una respuesta. 

"¿Qué es lo único que me queda por desear? Sólo pienso en una cosa.... morir antes que mi esperanza. Y así la fatídica frase se cumplirá una vez más. Oh, sí, eso deseo. ¡Qué gran final! ¡Oh, qué gran público! ¡Oh, la ironía!"

20 de julio de 2014

"Cuando al punto final de los finales..."

Cerrar los ojos y observar siempre la misma escena. Sin cambios. Sin alterar. Por siempre congelado en el frío invierno de la mente y del cuerpo y su cobarde traición. Y es tanto el frío que el sueño no llega, y el hambre no existe. Sin excusas, la única escapatoria son callejones a medio iluminar, donde la única y pequeña luz parpadea queriéndose apagar, sufriendo mientras se burla de la imposibilidad de que el sol salga de nuevo, sabiéndose la última luz del mundo, antes que todo caiga en completa oscuridad.

Las pesadillas recurrentes regresan. Y sin luz, se atreven a cabalgar durante el día, con espadas desenvainadas, dispuestas a cortar cabezas sin detener la marcha. No hay descanso para los condenados, pues su destino y castigo es perder la cabeza diariamente y tratar desesperadamente de encontrar consuelo en donde jamás lo habrá si jamás regresa la luz. Y el castigo será peor que nunca, pues la lección no fue bien aprendida, y tendrá que encadenarse el mundo a la espalda y observar cómo la vida sigue su curso, aquella vida que ya no le corresponde, pues ya no es parte de ese mundo.

Un dulce aroma que no abandona la nariz. Una brisa suave al tacto, imposible de ignorar. Ríos hechos mares, contaminados sin motivo ni razón. Y una silueta que jamás podrá olvidarse. Mientras se avanza al patíbulo, sólo se puede rogar porque la muerte sea pronta y el corte limpio.

Sé que la hoja no está afilada, pero el hilo ya está cortado. Y a cada paso que doy, lo inminente se vuelve cada vez más evidente. Y ni siquiera queda alma por apiadarse, pues la he vendido por un poco de esperanza, que se consume poco a poco por la sed.

Sólo queda esperar que los extremos no se alejen. Y si ocurriese, que el nudo sea suficientemente fuerte.

1 de marzo de 2014

La Última Despedida (.......)

Te escribo aquí porque jamás podré decírtelo. Ya no hay manera. Y lo lamento mucho y profundamente. Una última palabra, una última sonrisa. El mundo entero por obtener alguna a cambio. Resulta indescriptible lo bien que se sentiría estar contigo de nuevo, pues tu sola presencia tranquilizaba. Nunca te sentí con prisa, jamás te vi correr; creo que eso quedó mucho antes de siquiera conocerte. A pasos lentos andabas por la vida, siempre buscando que nada te detuviera. Ni los días, ni las calles, ni la vida. Me temo que esa última te falló, al final. Inevitable.

Te escribo por cobarde, porque no tuve el valor siquiera de ir aquel día. No te imaginas lo mucho que dolía. Y lo mucho que duele aún. Busqué por todo medio posible no externarlo, que la tristeza quedara guardada hasta que fuera seguro, hasta que la inmensa soledad embargara el sentimiento y se lo llevara lejos. Y la soledad llegó, pero sólo a acompañarme, porque no se llevó nada. Tu ausencia aún me duele, y tu presencia siempre me hará falta.

No sé si estabas consciente de todo, de lo importante que eras. Tomaste el lugar del que se fue antes de tiempo, y tomaste el lugar del que jamás estuvo presente. Significabas más de lo que podría haberte dicho, más de lo que yo mismo sabía. Te conocí antes de saber quién eras, y sé que te recordaré hasta que lo vuelva a ignorar.

No sé dónde estés ahora. Y sé que escribirte es inútil, porque jamás lo podrás leer. Pero es la única manera en que puedo hacer que en verdad el sentimiento se vaya, porque aún ahora, muchos días después, las lágrimas siguen surgiendo cada vez que me acuerdo de ti. Hacerlo público es lo mismo, porque en persona jamás dejaría que me viesen como estoy ahora, destrozado y temblando.

Te fuiste, y sé que no volverás. Mi único deseo contigo es que, donde sea, te encuentres bien. Me dueles muchísimo. Y con todo y ello, espero que sea la última vez que hablemos.


Gracias infinito.