Comenzar. De nuevo. Sin convencimiento. De nuevo. Borrar. Levantar la mirada, distraerse un poco, mirar a lo lejos, buscando aquello que no se sabe qué es, pero se busca. ¿Cómo será? Magnífico, sin duda. Necesitará explicaciones, sin duda. Escenarios a luz baja, iluminados sólo lo necesario para poder verse las manos y ver los pasos a seguir, aunque no lo suficiente para convencer de dar dichos pasos. El camino es cambiante, con ocasionales tormentas y con días muy soleados, que crean un perfecto equilibrio de insana cordura. ¿Qué hacer?
Posibilidades inciertas, esperanzas con diferentes formas, conocidas y desconocidas a la vez. Pensamientos que obligan a tomar responsabilidades propias, aunque un tanto desagradables a la propia conciencia. Sin palabras de aliento no queda más que dejar todo a la imaginación y suposición, esperando todo resulte de la mejor y menos dolorosa manera posible. Mientras más y menos, mejor. Se imagina. Se supone.
Y se continúa viajando entre recuerdos y luchas contra el pasado que nada tiene que ver con el presente actual ni con el futuro esperado. Y un lamento llega porque se es incapaz de centrarse y hacerse ver que al final será lo que deba y lo que no deba será también. Inevitablemente.
Inevitablemente. La luz no llega, no alcanza, falta y se burla en ausencia. De la incertidumbre, de las noches sin dormir. Pero, ¿cuándo será que alcance la luz, que ilumine lo suficiente para saber qué pasará? ¿Cuándo, cómo, dónde? Las palabras jamás son suficientes, hieren o embelesan, a veces ambas al mismo tiempo. Quizás el convencimiento llegue pronto, en algún momento, y todo se sienta normal, adecuado, agradable, tranquilo. Perfecto.
La motivación debe llegar en un cierto punto. Esta rima multicolor que no deja de girar, de reinventarse, de asustar y perseguir. Moldea y sella destinos inconclusos, cambia las actitudes a su deseo. Pero nunca te da una respuesta. No importa cuando lo intentes. No llegará.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario