Después de tantas situaciones y circunstancias, después de tantos tiempos pasados rotos y futuros sin fecha de entrega, llegó un punto en que las analogías y comparaciones son insuficientes, y que el intento de despersonalización de todo no ha sido del todo agradable. Así que, aunque tal vez no del modo más abierto posible, ahora es turno de ser más directo, en un intento no de clarificar dudas, sino de calmar la mente y el alma.
Siempre he carecido de una "estabilidad". Existe una pequeña inquietud dentro que no me deja ser como quisiera, siempre pensando, siempre esperando cosas de las cuales aún no hay pista alguna. Sí, suelo adelantarme a los sucesos, y regularmente con bastante ansiedad, y debido justamente a esta ansiedad es que termino por ser demasiado torpe cuando llegan a suceder, o termino demasiado exasperado, por tanta espera. Llega a ser incluso frustrante para mi mismo, sufrir de tanta ansiedad sin poder controlarla del todo. A veces la emoción es excitante. A veces la emoción me sobrepasa. Y más veces la emoción me traiciona y los desastres causados son, lamentablemente, más grandes que la misma emoción. Y el principio de nuevo...
Me ubico como una persona muy difícil de tratar. Recién he caído en (más) cuenta de mi forma de hablar y tratar a la gente, y sé que no resulto muy amigable en muchas ocasiones. Si alguien leyendo esto lo ha notado, y sentido, sobre todo, le ofrezco mi disculpa más sincera. Juro por todo lo que me es sagrado que no lo hago con afán de lastimar. Sin buscar llegar a justificarme, aunque termine siendo así, "así soy". He perdido mucho por ello, me he lamentado bastante. Si de algo sirve, me he prometido hacer algo al respecto por ello.
Además de lo anterior, suelo (o solía) ser una persona con principios. No, no de los comunes. Siempre he considerado a mi moralidad bastante ligera, y sí, debo aceptar que incluso para mis bajos (o altos, como se les quiera ver) estándares, los he roto innumerables ocasiones. Con todo y ello, ya no estoy feliz con ellos. Los remiendos ya son demasiados, hay parches sobre parches y algunas partes se comienzan a pudrir. Está ese pequeño gran vacío ocasional, esa presión en el pecho, esa incomodidad en las manos, cuando siento que ya no se está cómodo con uno mismo. Y eso significa que es momento de cambiar. Y planeo hacerlo. Sin embargo, a mi manera, me quejaré primero antes de hacerlo. Vaya, no sería mío realmente si no me quejara.
Los últimos tiempos han sido demasiado turbulentos. He pasado de estar en la cima de un éxtasis emocional o lo más profundo de mi abismo personal. Tal cual, no hace mucho sé que llegué a lo más bajo que podría haber llegado, un punto en que el desprecio era tan enorme que comenzó a consumir todo. Poco a poco he ido saliendo de allí, trastabillando más seguido de lo que he esperado, pero avanzando, quiero pensar. A pesar de mis sueños frustrados, mis esperanzas con prefijos nuevos y mi (sí, de nuevo) ansiedad desenfrenada.
Creo firmemente que en los últimos dos o tres años he cambiado más que los veintiuno anteriores. Supongo que es esto a lo llaman crecer. No es tan malo. Ayuda, sirve. Duele. Duele mucho. Justo ahora, mientras escribo, siento como me tiemblan las manos porque sigo evitando escribir/hablar de un tema que me ha comido por mucho tiempo. Sé que seguirá doliendo hasta que no haga algo verdaderamente rectificante. No sé si estoy listo para ello. Pero, como siempre, mi ansiedad puede más. Dejaré que me guíe de nuevo, que vaya delante, esperando sinceramente esta ocasión consiga acertar.
(He sido ahora lo más sincero que he sido en este espacio.)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario