Uno puede estar tranquilo, en
cualquier lugar, sin hacer mucho. De repente, sin más, casi sin querer, se
escucha un pequeño ruido, muy lejano. Sin hacerle mucho caso, continúas con tus
asuntos. Pero ese ruido persiste, cada vez más cerca, cada vez más fuerte. No
puedes evitar preguntarte qué será, porque además suena extremadamente
conocido. Y sigue acercándose. Cada vez más nítido, el ruido se transforma poco
a poco en una voz. Una confusamente conocida voz. Buscas y buscas a tu alrededor,
casi asustado, hasta que te das cuenta que… viene de dentro.
Piénsenlo un poco. ¿Qué tan
lógico es tener una conversación con uno mismo? ¿Qué podrías decirte que no
sepas? A fin de cuentas, lo que puedas preguntarte, ya lo sabes. Y toda posible
respuesta que puedas dar, también. ¿Cuál es el punto?
Increíblemente, resulta demasiado
tranquilizador hablar con uno mismo, siempre que se realicen conversaciones
privadas y con cierta moderación. No falta quien haga creer que su voz interior
es muda y tache de loco a todo aquel que ande platicando amenamente consigo
mismo. O, también, puede ser que en algún momento alguien termine con más de 10
personas dentro de su cabeza, todas intentando hablar al mismo tiempo. Eso sí,
a esa persona no le importará qué digan de ella, pues estará muy ocupado
escuchándose.
Algo de lo más común, es charlar
con un par de personajes, representantes íntegros del bien y el mal, siempre
tratando egoístamente de salirse con la suya. De arriba y abajo, siempre
intentando convencerte de hacer tal o cual. Sea cuál sea la representación que
se le dé, ese es básicamente el punto.
Y lo mejor y más curioso de todo,
son aquellas personas que se fabrican conscientemente una voz interior. Sólo
que la externan hacia el resto del mundo, a veces reprimiendo su verdad y
sumiéndose en un negro mar de rarezas y palabras falsas. Una personalidad
alterna, que poco a poco comienza a succionar todo pequeño pedazo de cordura, y
a veces, hasta termina de cortar los hilos de confianza atados a otras
personas, por hacerse pasar por quien no son.
Siempre y cuando no sea del
último tipo, puede resultar hasta divertido. Siempre se puede contar con uno
mismo, para apoyarse, darse ánimos y lamentarse por un error. Pero jamás hay
que dejar que esa voz interior consuma el exterior, o se terminará siendo nada
más que un ente, un extraño bastante bien conocido.
me parece una excelente reflexión, pienso que si mas personas platicaran con sigo mismas llegarían a amarse mas y a sentirse menos solas.
ResponderBorrar