31 de diciembre de 2012

Ironías de un Viaje de Regreso a Casa | Sobre la inmensa incomodidad de ser un completo desconocido


“(…)

(…)

(…)

…ahhh, aquí giras a la der… ¡¡izquierda!!”

Finalmente, y después de algunos minutos, llegué. Sinceramente, preferiría no haber hecho ese trayecto de tal manera, y, aún más sincero, preferiría jamás tener que volver a hacerlo. Resulta curioso haber terminado la velada de tal forma, sobre todo porque inicialmente ni siquiera iba a terminar a tales horas. En fin…

¿Qué se hace cuando la persona con la que, actualmente, menos quisieras tener que ver, intenta de muchas maneras conocerte? Vaya, hasta parece que anduvo preguntando, porque sabe cosas que… bueno, que estando en tal posición no debería saber. ¡Cuánta sorpresa! ¿Será…?  (…) ¿Y el otro? Desde su obligado consentimiento, ya no mira tan agradablemente.

No fue sino una única pregunta lo que me incluyó, y después fui simplemente una parte más, no a quien llevaban, sino algo que tenían que dejar (y desviarse de la ruta por ello). Me fui desvaneciendo poco a poco, olvidado temporalmente, mientras las palabras ajenas iban gradualmente escuchándose más lejanas, y yo me perdía entre el oscuro paisaje a través de la ventana, pensando en lo incómodo que era estar ahí, sentado, siendo más carga que pasajero, detrás de la persona con la que menos quisiera tener que ver y que desearía jamás haber conocido, y un desconocido de 5 horas que no parece estar feliz.

Tan absorto estaba, viendo por la ventana, que casi pierdo la calle donde debía pedir que doblara, y aún ya medio despierto, debo aceptar que equivoqué la calle. Pero, ¿qué otra cosa pudo haber pasado? Ni bien has asimilado bien la despedida y te encuentras con asuntos pasados, que además ni son tuyos, sino ajenos. ¿Contaría como ser ignorado? Se siente como una barrera de silencio, como si la luz no entrase, como si la cortesía se hubiese perdido al pasar el umbral.

Tampoco es que tuviese algo que decir. No sé si deba, no sé si me escuchen, no sé, no sé… Y eso es lo que lo hace incómodo. Aunque, sin duda, es mejor que seguir contestando preguntas que sólo se responderían por simple amabilidad, y por nada más.

No puedo esperar a llegar, a ver la hora e intentar no despertar a nadie. Sé que esto no pasará inadvertido. Al menos, no para mí. No sé si para ellos. O para… alguien más. Y me pregunto, ¿lo podrá imaginar?

1 comentario:

  1. Genial ! pasar desapercibido, desparecer en el paisaje... increíble :')

    ResponderBorrar