5 de febrero de 2013

Tulipanes por Docena | Sobre aquellas conclusiones tiernamente obtenidas


Uno nunca sabe lo que de repente puede pasar por su cabeza. O porqué pasa eso, en específico. O cuándo pasará. O por cuánto tiempo. Pero  siempre es curiosa la conclusión a la que se llega. ¿Por qué? Porque es una síntesis de tu actual situación. Una forma de entenderte en ese momento, de saber cómo te sientes, lo que eres en ese preciso instante. Y mi última conclusión fue…

¿Saben? Cambia mucho la manera en que ves al mundo cuando te ves solo por un rato. Y no es soledad como tal, simplemente carencia de compañía en ese justo tiempo y espacio. Uno puede entrar a una tienda y mirar cuanto objeto te llame la atención, quedarte cuanto tiempo quieras mirando un estante, observando los detalles de cuanta cosa brillante pase frente a tus ojos mientras… Espera… ¿…brillante? ¿De verdad? ¿Y desde cuándo haces eso? Eso es nuevo… En verdad quedas sorprendido de tal actitud. Normalmente no sueles quedarte viendo ese tipo de objetos. Y menos cuando…

“¡Oye! ¿Ya viste éste? ¿Apoco no te…?” Oh… Cierto, no está…

Estás dispuesto a leer un poco, en aquel lugar que frecuentas. Vas por el mismo camino de siempre, desde la entrada hasta el punto en que siempre te sientas. Así que, ahí estás, sentado, procurándote un poco de sombra y un poco de sol al mismo tiempo, con tu botella con agua a un lado y tu libro en la mano, gustoso de pasar un pequeño rato leyendo. Ni siquiera te das cuenta del tiempo que pasó, por estar tan inmerso en tan maravillosa historia, pero lamentablemente debes irte.

Así que tomas tus cosas, las guardas, te volteas y preguntas: “¿Ya estás lis-…?” Suspiras, y recuerdas. No está…

Vas caminando por la calle, en camino a tomar el autobús de regreso a casa. Tus audífonos puestos, a un volumen exacto para no quedar sordo tanto por la música como a todo estímulo exterior y evitar morir atropellado al cruzar la avenida. Es en esos momentos en los que tu mano lucha contra el aire, en búsqueda de algo (alguien) que ya sabes y comprobaste que en ese instante no está ahí. Así que sigues caminando. Te detienes, volteas y cruzas. Llegas a la parada, sacas el monto exacto del pasaje para no tener que esperar el cambio, giras la cabeza y… nada. Sigue sin aparecer.

Y así es cómo… ¡Ah! La conclusión.

La conclusión es que más que la rutina, se echa de menos la presencia. Porque lo que no se escribió arriba, es que hubo más de tres tropiezos por no ver o calcular mal los escalones. Casi regresas a casa con la marca de un poste en la cara por no verlo, aunque estaba justo frente a ti. Estuviste a punto de hablarle a alguien desconocido, que de todas maneras terminó por verte feo, por pensar que en ese sitio estaba alguien más.

Y lo anterior, por culpa de la distracción. Distracción causada por tener un solo pensamiento en mente. Distracción de la cual no se arrepiente uno, porque le recuerda cuando la echa de menos.

5 comentarios:

  1. interesante, ¿sera ese el abandono de la individualidad? como siempre un articulo muy interesante n_n

    ResponderBorrar
  2. Es ahí donde tu te das que un suspiro y en un instante, las cosas que más quieres, poco a poco se van apagando como una vela, que por más que ves y buscas algo, sigue sin aparecer, que la presencia de alguien es una hermosa poesía escrita con toda pasión que necesita ser leída para que sepas lo afortunado que eres por sentir esa dulzura. Una dulzura que poco a poco se va desvaneciendo hasta ser como una puesta de sol. La distracción no sólo es un momento de despiste es un momento de reflexión involuntaria. Muy buen divague mi estimado amigo.

    ResponderBorrar
  3. el precio de pensar en esa personita... parece que tu musa hace muy bien al inspirarte de esa manera ... I like it!

    ResponderBorrar
  4. señor, tiene talento para lograr que uno sea capaz de acompañarlo durante su relato, si le puedo llamar así; y es precisamente que uno está tan distraido que en ocasiones no nota los talentos que se encuentran muy cerca de nosotros. muy agradable.
    Chávez

    ResponderBorrar
  5. Me pareció interesando la cadencia del relato, siempre tan lleno de divagues. Pero bueno, saliendo de la redundancia. Desde mi punto de vista, el original tratado de la escusa que siempre genera la incertidumbre eleva el espíritu hasta el más alto agasajo crónico.

    ResponderBorrar