17 de marzo de 2013

Al Unísono | Sobre esos momentos que te llevan al vacío


Un comienzo lento, introduciendo al público al primer acto, cuando apenas el telón se ha abierto y permite observar las tenues luces sobre el escenario. Poco después, se escucha casi sin querer el sonido de una pisada de bello origen. Una pisada ligera, insegura, que luego de una pausa, es seguida por otra con igual temor, y luego otra, y otra, hasta que el primer personaje sale de la penumbra para tomar su lugar justo en medio de las luces, casi opacándolas con su propio fulgor.

Después de segundos que parecen no tener fin, se escuchan, de nuevo, pisadas, provenientes del lado contrario. Pisadas más fuertes, pero igual de inseguras, que se apresuran a colocarse en su lugar, junto a las de su compañera. Él la observa de frente, pero ella no parece inmutarse, y no hay indicio de que quiera siquiera voltear la cabeza para mirarlo. Resignado, se gira, y enfoca al final de la sala, alistando lo jamás ensayado, como si lo hubiese deseado siempre.

Por algún lado, sin esperarlo, de repente, música comienza a sonar. Una guitarra que invita a cerrar los ojos, con lento arranque y latente pasión. Ocho tiempos que preceden a la primera línea, palabras que expresan tristeza, rayando en desesperación, totalmente sincera por uno, probablemente exagerada por otra. Mientras avanza la pieza, las miradas jamás se cruzan y las voces jamás dejan de entrelazarse, formando una única unión, que no es y que nunca será, porque aunque están al unísono, no suena igual.

Frías sensaciones que recorren cada centímetro del teatro. Cuatro minutos que él desearía no terminaran nunca. Un escenario cuyas luces comienzan a desfallecer, anunciando el pronto final del acto. Su voz, que evoca recuerdos de luna y sonrisas, de una ausencia siempre presente, de una vida que pasa sin que nadie se dé cuenta. Su voz, que tanto le ha ilusionado, a él, lo infla y derriba al mismo tiempo, al creerse tan cerca que ignora la verdad. Pues cuando la unión se vuelva más fuerte, el acto termina y los vítores y aplausos no se dejan contener.

Para él, no hay público. La sala está vacía, excepto por él y por ella, quien sigue sin voltear. Es tal engaño, que no ve cuando una silueta sube decididamente por las escaleras centrales, con la mirada fija, con flores en forma de abrazo, y un calor que enfría su entusiasmo. Poco a poco, se va desvaneciendo del escenario, estirando la mano como último recurso para tomar la suya, que no la evita, sino que la dirige hacia la silueta, aceptando y regresando el abrazo y el calor.

Él ya no es más. Ya no pertenece al teatro. Ya no pertenece a sí mismo, pues se entregó sin saberlo y sin ser aceptado. No siente el dolor por no sentir nada, entumido por lo frío del ahora vacío escenario. Las luces se apagaron, excepto por una, que alumbra el punto exacto donde él debería estar. Las luces se apagaron.

Y después… el silencio.

7 comentarios:

  1. El teatro se convierte en sueño...
    y tus ramas se entrelazan a
    mis aguas, mi nieve que
    supura y ruega a tu voluntad
    un ultimo presagio de Amor...

    Para bien o para mal, joven Rick, el silencio siempre deja que nos comuniquemos con nuestra/s propia/s sombras...
    Es indudable que la historia me ha dejado reflexivo... pero más reflexivo me dejan los inexistentes momentos que cada quien pasa con su silencio...

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  2. Lo vivi, sin haberlo vivido. No sé porqué pero presiento que estabas escuchando trova cuando escribiste.

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  3. Lo vivi, sin haberlo vivido. No sé porqué pero presiento que estabas escuchando trova cuando escribiste.

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  4. Has logrado que yo no me sintiera yo... has logrado hacerme sentir el protagonista de la historia, en un momento me di cuenta que estaba perdida y me gustó...

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  5. Esa extraña sensación de pisar en escenario que al principio parece inmenso y después sientes que llenas hasta el último rincón, y aún entre la oscuridad puedes ver las butacas y distinguir al público, y ver una sonrisa en sus rostros, eso, ese confort de haberte fundido con todos y saber que eres parte de ellos y ellos de ti, ¡eso no tiene comparación!
    Felicidades, lo volviste a hacer :)
    sigue escribiendo.
    Saludos.
    Gloria 8a

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  6. Me hace pensar que el escenario es un cuerpo, los protagonistas le dan vida y el público alimenta esa vida. Es muy bonito, tengo que decir que cada publicación es mejor! :)

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