"Se me olvidó apagar la luz. Con
razón tú no te has ido. Te mantienes aquí presente, esperando a que pregunte el
porqué de tu exagerada estadía. Y yo que no pregunto por demostrar interés,
aunque sepa que por dentro estoy muriendo por saber. Lo único que sé, es que
jamás me dirás nada.
"Siento tu mirada sobre mí,
vigilándome, siempre pendiente. Tienes mis nervios al borde de un estallido,
pues no me creo lo suficientemente preparado para darme la vuelta e ignorar tu
presencia. ¿Será que algún día podré dormir tranquilo?
"Las letras tiemblan si escuchan
tu nombre, la voz se desvanece si te pide tu partida. No encuentro manera para
hacerte desaparecer. Ni siquiera tengo el valor para voltear y darme cuenta de
que realmente no estás aquí, que hace mucho tiempo que te fuiste y me dejaste
solo, consolándome en recuerdos que a nadie más le importan, en cartas cuyo
remitente ya no reconoce como suyas.
"He evocado tantas veces tu rostro
a mi mente que ya no sé si aún es el tuyo, o es lo que quiero que sea. Es esta
desesperación que no me deja pensar claro, tu imagen que se niega a permitirme
un segundo de paz. Y lo increíble, es que todo lo dejaste atrás, sin preocuparte cuánto era ni lo que importaba, lo mucho que significaba para mí.
"Eres la última sombra de mi cuarto,
la que absorbió la luz y todo lo demás. La sombra que crece y se burla y se
niega a desaparecer.
"Ven, te lo pido. Es lo único que
te pido. Ven, recoge los pedazos, quédate un rato y apaga la luz, porque a mí
se me fueron las fuerzas en tanto recordarte."
No hay comentarios.:
Publicar un comentario