15 de diciembre de 2013

Epifanías en Movimiento: La Vida a Través de Una Ventana Empañada

“Walked into our world and made horrible sounds…”

Levantarse temprano. Frío. Tiempo libre. Azúcar. Reencuentros. Recuerdos. Ex- amigos. Conceptos olvidados. Libros nuevos.

Fácil. No fue precisamente ocupado, pero resultó bastante productivo. Curioso es ver cómo evolucionan los asuntos, como los meses cambian a la gente, cómo la tranquilidad te invade cuando retomas una conversación. La emoción fluye hacia abajo, derramándose por el patio, mientras miras a la gente ir y venir, ver y tocar, comprar y preguntar, andar por ahí con sus preocupaciones, enteramente ajenos. Y aún así, no puedo evitar que mi curiosidad crezca, que aquel deseo de saber qué ocurre me invada y yo comience a divagar.

““I will wait for you”, she said, endlessly…”

Un viaje. Caminata. Oportunidad. Una puerta. Un paso, para dentro o para fuera. La hora de la comida. Eventual llegada inesperada. Gritos. Disculpas. Equivocación. Más disculpas. Extraña calma.

Me siento atrapado. Esa sombra persiste, me sigue, me atormenta. Esa sombra que me encuentro en todos lados, sin fallo, sin descanso, sin dejar de sangrar. En los salones. En las fotos. En sus letras. En las voces de los demás. En aquel pasado que se aferra al hoy con sus frías manos, que me asfixia  y no me deja ir. Esa sombra perdida y lejana, pero siempre presente. Siempre frente de mí. Y aquella desesperación porque no puedo hacer nada al respecto, porque no es mi sombra. No es mía, mas es a mí a quien ataca. Su filo me descose, me tira, me deja maniatado a su merced… parece que gusta de burlarse de mí, sin saberlo, sin intención. Me desvanezco, no puedo más…

“Still each time I always meant every word, every one. Though in time they finally bent…”

Meses. Olvido. Búsqueda. Fracaso. Intentos. Más recuerdos. Cartas perdidas. Pedazos. Bordes. Ojos oscuros. Preguntas. Confusión.

El tiempo pasa y jamás permite descanso. Aún cuando uno se cree seguro, muy en el fondo, aquella pequeña parte continúa creciendo, inundando al ser de dudas. ¿Será acaso que no hay remedio? Los pensamientos chocan entre sí, estallando y creando universos nuevos, cada uno tan igual al anterior, pero su frescura extiende la sensación que se está viviendo de nuevo, desde el comienzo. No importa cuánto tiempo pase, a final de cuentas el callejón siempre está a unos pocos pasos. Me pregunto si debería seguir caminando. ¡Qué importa! El camino me lo sé de memoria, y aunque esté oscuro, el precipicio siempre está ansioso de recibirme de nuevo.

“I will bite straight through as I wait for you, dear. Endlessly…”

Permanencia. Fuga. Frustración. Ira. Contemplación. Sin lugar para el arrepentimiento. Lluvia. Piano. Silencio. Oscuridad… nada más.


Esa ingenuidad que jamás abandona. La esperanza muere al último, dejando frío y seco a quien le dio cobijo, sin siquiera pagar el hospedaje. No hay más camino, no hay vuelta atrás. Sólo arriba y abajo. No hay luz. Todo se ha ido. Murió al último, pero se llevó todo. Bajar la cabeza no sirve de nada, aquí no funciona pensar que si no se ve, no existe. Por supuesto que existe. El fútil intento por negar su existencia sólo hace que permanezca más, y marque más profundo. El dolor se va, pero la cicatriz siempre se queda. Y se burla. Sabes bien que no te esperará más. Se ha ido, no volverá. Rompe todo, enójate, recuerda, maldice, perdona… En algún momento todo volverá a empezar.

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