7 de septiembre de 2014

Versión Acústica

Eventualmente, todo sobrepasa la necesidad aparente. Es mucho más que eso. Inexplicablemente, permitir que te respire me mata más que negármelo y asfixiarme en soledad. Todo avanza mientras suena una melodía de cuerdas en tono de suspenso, como en las películas, cuando sabes que una desgracia está por suceder. Una caída aún mayor, aún más rápida, aún más perversa que todas aquellas que haya visto o presenciado ya. El punto culminante, decisivo, el que dicte el paso adelante o atrás.

Aún así, prefiero respirarte. Medio segundo de calma alivia el dolor de cabeza, las náuseas y el filo de una hemorrágica posibilidad. Los monstruos son personales, y cada quien debe lidiar con los propios. Pero, ¿qué hacer cuando todos aprovechan el momento y se abalanzan sobre la única luz que queda encendida, parpadeante y agónica? La desesperación y frustración es enorme, las fuerzas se escurren, pero las ganas y la convicción no se esfuman. Permanecen, tan azules, tan brillantes, tan transparentes, tanto como el primer día, tanto como el segundo y el tercero y el último, y todos los que falten por llegar.

Me derrito entre palabras lejanas, miradas encontradas y ausencias frecuentes, todo mezclado con sal y pimienta y un toque agrio de limón. Tan pasional es la voz que la cara se desfigura por un ínfimo momento, los sentimientos no se atrasan y salen a pelear con lanzas y espadas defendiendo su lugar, limpiando cada lágrima que logre escapar. Con lanzas y espadas pero sin escudo, para que cada golpe recibido duela y sangre y haga recordar la causa, para que luego cicatrice, aunque nunca se olvide.

Son tus manos quienes me mantienen de pie. Mi gravedad eres tú, ahora, y de ti depende la caída. Porque dentro del cristal, de la frágil estabilidad entre lo cuerdo y lo insano, los temblores disminuyen cuando al frío haces desaparecer. Sólo tú puedes detener la música y alejar todo fantasma con un ligero soplido. Deja que te siga respirando. Es lo único que puede mantener a un aislado corazón con vida, cuando él mismo teme morir por latir tan rápido. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario