"Jamás recibí respuesta tuya. Lamentable, cierto. Y no entiendo porqué me empeño en escribirte cartas de nuevo, si sé que pasará lo mismo. Supongo que la esperanza muere al último. Pero, ¿qué morirá antes? ¿Cuándo podré saber que es lo último, o mejor dicho, lo primero? Muertes que seguramente abandonaran su metafórica existencia para lastimar en serio, para rasgar y morder cada centímetro que queda.
"Ya no temo pedirte que te vayas. Ya no temo a tu ausencia. Ahora temo que te quedes, que me sigas, que claves tu recuerdo a un espacio en el librero. Ya tengo suficiente con recordar todo lo que ha ocurrido contigo, como para recordarte a ti. Prefiero tener memorias sin rostro, memorias a blanco y negro y música en vivo, que parezcan tan reales y tan antiguas, y que siempre me hagan estar consciente que eso son, memorias. Y nada más.
"A pesar de lo que puedo pedir y desear... sé que tu rostro jamás se irá. Podrán desaparecer todas las demás caras, los demás gestos y rasgos, pero los tuyos jamás. Y menos ahora que puedo evocarlo con tanta facilidad. Sí, regresó. Sin ti, sólo él. Lo demás sigue tan difuso como antes, casi metamórfico.
"¡Dime qué buscas! ¿Qué es lo que intentas hacer conmigo? ¿Cómo es que sin intentar nada, sin siquiera esforzarte, entras y sales a tu antojo, con una llave falsa de aquella puerta inexistente que me aseguré de derrumbar?
"La luz ya no me importa, me he acostumbrado a la oscuridad de mis ya no tan recientes días. Y los colores se han transformado, son diferentes, ya no les reconozco. Pronto todo será blanco. O negro. O ninguno. O ambos. O cualquiera de los dos. Da igual. Me quedaré aquí, esperando, de nuevo, una respuesta.
"¿Qué es lo único que me queda por desear? Sólo pienso en una cosa.... morir antes que mi esperanza. Y así la fatídica frase se cumplirá una vez más. Oh, sí, eso deseo. ¡Qué gran final! ¡Oh, qué gran público! ¡Oh, la ironía!"
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