"Cuente siete estrellas y soñará conmigo. (...)
Recuérdelo bien. No más de siete estrellas."
G.G.M.
La cuestión no era contarlas. Simplemente observarlas. Mirarlas en el espejo, e imaginar tu abrazo, desde atrás, cerrar los ojos y pensar que estás ahí, cerrarlos más y comenzar a sentirte, cada vez más cerca, cada vez más fuerte. Y a medida que desaparecían, saber que el recuerdo estaría más presente, porque momentos así no se olvidan. Porque la última sigue ahí, resistiéndose a irse, pequeña, pero insistente, casi sabiéndose única.
Cierra tus ojos por un momento. Ciérralos y moja y muerde tus labios un poco, permite que éste beso dure para siempre, hasta que te vuelva a ver, porque nuestro baile todavía no acaba y nuestra ropa sigue en su lugar. Acércate y dime que aún me sientes. Respírame. Dime que tus manos siguen en las mías y que no las soltarás jamás. Acércate y pregúntame qué significa, porque ahora lo sé, parce qu'il signifie que j'aussi. Beaucoup.
Mirar al cielo, pisar el suelo. Ninguno de los dos volverá a ser lo mismo. Mi color favorito se convirtió en ti, y al otoño le tomé cariño. Te diré que tu nombre me sabe a estrellas, que tu boca es la luna y tus brazos me suben hasta allí, hasta un lugar del que no quisiera nunca bajar. Desde aquel primer momento, aquella mirada unidireccional, aquel suspiro y aquella muda exclamación de sorpresa, aquel encuentro destinado a ser quién sabe qué, pero destinado a algo a fin de cuentas. Te diré, sin más, que tu nombre es magia.
Te hablaré para mis adentros, te recordaré lo mucho que te echo de menos, lo grandioso que sería verte sonreír, porque sabes que me encanta. Dulcifica la voz y respóndeme y te juro que te escucharé hasta que te quedes dormida y que aunque amanezca dejaré la luz encendida y los brazos abiertos, pues si en algún momento te cansas de pelear con las cobijas, con gusto te envolveré yo.
Contaré de tres en tres para recordarte. De las nocturnas dieciocho al veintiuno que te debo, al helado veinticuatro en que todo empezó. Números con más contenido que su mismo trazo, que cuentan más historia que cantidad, que convierten la casualidad en un deleite. No hay mejor sueño recurrente que aquel que conviertes en realidad. Y has de saber, mon coeur, que te he soñado. Que tu est mon rêve. Mon seul souhait.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario