A pesar de todo, ahí seguimos. Y
jamás sabemos por qué. Es algo más allá del masoquismo. Una eterna espera, desesperadamente
ilusionada, siempre ansiosa, siempre perdida. No importa cuántas cicatrices
tengamos, jamás quedará tan poco espacio como para no hacernos una herida más.
A fin de cuentas, cuando todo termine, habrá valido la pena, ¿no es cierto?
Lamentablemente, en muchas de
esas ocasiones, nos creemos esa historia. Nuestro propio invento, y nos lo
creemos por completo. “No importa, al final estará bien.” Y lo repetimos,
tratando de convencernos de algo que de antemano estamos conscientes jamás
será. No hay manera en que volteemos el mundo. Tal vez…
No, no tal vez.
Seguramente en algún momento debimos detenernos, pensar hacia donde estamos
caminando, y muy probablemente regresar. O por lo menos, tomar la desviación a
la derecha, por un camino más tranquilo. Pero sin riesgos, el resultado no sabe
igual.
O… eso dicen.
Total, tomarse las cosas tan en
serio nunca lleva a nada bueno. Un error de vez en cuando no está mal. “Déjate llevar un poco, no pienses tanto”, me
han dicho muchas veces. Pero jamás resulta sencillo. No cuando se sabe
kilómetros antes que al final del camino está aquel precipicio que nunca has
logrado saltar para llegar al otro lado. Ese precipicio metamórfico, siempre
expectante a los pensamientos, listo para transformarse en lo que sea que temas:
un objeto, un obstáculo, una persona, o simplemente, nada más que palabras.
Aquellas respuestas que no quieres oír, que pueden no sólo detenerte, sino
empujarte hacia aquel precipicio, del cual resulta cada vez más difícil salir.
Y de todas maneras, ahí seguimos.
Con paso titubeante, un tic en el ojo y la esperanza goteando desde que se
salió de casa. Jamás se puede estar totalmente listo. El discurso
preparado, repetido cada tres minutos, por temor a que se te olvide. Además, se
perdió la cuenta de cuántas veces se ha tropezado con cuanta piedra se
encontró, y más de una por intentar patearla. En fin, toda una aventura, y aún
no se ha girado en la primera esquina.
A la mitad del camino, es
inevitable detenerse. Pensar si de verdad se tomará el riesgo, aunque ya se
sabe toda posible consecuencia. Dudar, dar un paso y dudar de nuevo. Y se
comienza a andar de nuevo. ¿De verdad?
Bah, qué importa.
Tal vez ésta vez sí se logre
saltar lo suficiente…
Bastante interesante mi joven amigo, suele suceder que algunas veces, cruzan tantas cosas por nuestra mente, que sólo te das cuenta que, a esta distancia, todo lo que miras es una mínima parte de lo que vendrá a continuación. Muy buena selección de palabras, lo disfruté tanto como una buena taza de café por la mañana.
ResponderBorrarDisfruto mucho platicar contigo, pero disfruto más leer lo que piensas :)
ResponderBorrarSe trata de seguir adelante, de arrepentirnos quizá de lo que hemos hecho pero no lamentar algo que nunca hicimos, arriesgarse vale todas las consecuencias, sigue escribiendo!
ResponderBorrarFerg